Páginas

20 de septiembre de 2009

Pinguicula lusitanica. Grasilla pálida.




Grasilla palida.
Planta carnívara minúscula y relativamente frecuente en suelos higroturbosos.
Monte el Xorro, Grado, setiembre de 2009.

-Alto secreto-


Eres el único sobrino que se ha interesado por mi operación, así que te dedicaré un rato. Mañana entro en quirófano, logré convencer al cirujano, más bien a su bolsillo y después de firmar un ciento de autorizaciones que le eximen del fracaso. ¡Qué orgullo! Le entiendo, también soy un poco así, no soporto los fiascos ¿Por qué crees que nunca tuve hijos y que voy por la vida aconsejando a vecinos y amigos que no los tengan? ¿Por la falta de alimentos? ¡Sobran, sabrás que están mal repartidos, nada más! Es por la responsabilidad, la mayoría de los padres son unos irresponsables y unos majaderos. Por ejemplo tu, ¿qué haces que no estás con los tuyos? Pues ya que prefieres despedirte de tu tía, sí, no creo que salga con la cabeza alta de este lugar, te voy a enseñar lo que es un compromiso. De silencio, los peores de llevar, y que guardarás también hasta la tumba.
Me conoces como la tía solterona, viajera y deportista, algo benefactora y que pedía para los chinitos, como se decía antes. Tu padre era un despreocupado rollizo y oía campanas pero las confundía con las de los finales de partido de baloncesto que acostumbraba a ver, así que no te extrañe que ignorase la mitad de mis ocupaciones. Claro que ayudé a crear escuelas, pero los chinos me miraban bastante mal por ello. En eso no me voy a extender porque el verdadero altruismo le correspondía a Edmund, que después de nuestra epopeya se dedicó a favorecer a las aldeas donde vivía su ayudante Tenzing. No te sonarán de nada estos nombres, no habías nacido todavía, pero la gesta está impresa en todos los libros del texto, sí, los de geografía. Fue el 29 de mayo de 1953, dicen que a las 11,20 de la mañana. La hora es aproximada, los relojes estaban congelados a 8848 metros de altura. La gente se preguntó cuál de los dos había llegado antes a la cima más alta del planeta y ambos, unos caballeros, guardaron un pacto de silencio y mintieron en sus memorias para confundir, con bonitas palabras pues en realidad su alma era generosa. Es lo de menos y esa cuestión se irá conmigo al cementerio. Lo importante es que no podían dar una buena explicación de mi existencia, demasiadas complicaciones, murmuraciones, en aquélla época estaba muy mal visto todavía que una mujer fuese la primera en algo ¿Has visto la foto de los dos allá en lo alto? ¿Quién crees que la sacó?

5 comentarios:

saltapraos dijo...

Qué casualidad, yo tengo una igualita. Por cierto, qué pena lo de la centaura somedana (jejejejejeje).

César dijo...

Seguro que la tuya estaba un metro más arriba. La centaura caerá, ya verás...

José dijo...

tras los espesos bosques encuentro un arroyo perdido,
tan secreto que el mismo cielo
parece pequeño

Chesterton

César dijo...

Me estás sugiriendo un montón de lecturas...

saltapraos dijo...

Ya tardaba en hacer la visita el Chestertón