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7 de febrero de 2015

Silene rupestris. Silene rupestre.

Con cálices campanulados y glabros, en dicasios laxos. Crece en roquedos de alta montaña.  En Asturias está citado en Coriscao. Frecuente en los Pirineos. Fotografiada en Benasque, Huesca, julio de 2014.




“Cuentos fríos” Virgilio Piñera.

Una fantasía desbordante la de este conocido autor, para describir los hechos diarios de personas corrientes en la realidad cubana. Ya famoso antes de la revolución, se implicó en la misma y murió denostado por ella, dicen que por su homosexualidad. Todo hay que decirlo, ya rehabilitado. Al parecer, según el prólogo, no se dejó contagiar por el barroquismo de Borges o el realismo fantástico de sus colegas latinoamericanos. Sin embargo, en estos cuentos el segundo componente es claro, mucho menor el primero. Sus cuentos parecen sacados del onirismo, pero de sueños cotidianos, exageraciones sin misticismo, brujos, espíritus o poderes paranormales y tienden a lo absurdo.

Inventando por mí, evidentemente con otro estilo de escritura más simple y pobre, podría servir de ejemplo el narrado a continuación, con el título de su libro como fuente de inspiración.

Virgilio, sentado con Alberto en una de las pequeñas cafeterías cercanas al malecón,  recuerda el inicio. Las primeras veces fueron escalofríos, pero no de miedo, leves e instantáneos descensos de la temperatura corporal cada vez que terminaba de redactar su tira en el suplemento cultural del periódico del partido. Trabajo recién conseguido, era preferible sufrir un mal rato adornando ciertas actividades insulsas que pasar como escritor sin oficio ni beneficio. Se puso el termómetro, nada, 35.7º, un poco más bajo de lo normal. Y sin otras molestias en los huesos, ni catarros, o las cosas de la próstata que a veces son así. Después vino una sensación de frío constante, un frío raro, que ciertamente concordaba con la mutación de la piel a un tono blanquecino, y con los 35 grados del nuevo termómetro, no se fiaba del anterior. El médico lo exploró detenidamente y  le solicitó varios análisis sin encontrar enfermedad alguna.
-Será la edad, el metabolismo disminuye, como todo, ya ve en qué acaban las personas mayores, tome bebidas calientes...
-Ya las tomo.
-Pues más calientes todavía, sin quemarse, hombre...
En la redacción lo comentó con Alberto, el linotipista.
-¿También tu?, aquí le sucede a bastante gente. La mayoría no le da importancia, es más creo que ni se enteran. Pero mira que caras tienen. He intentado poner la calefacción y me dijeron que en marzo ni soñarlo. La verdad, cada vez los veo más traslúcidos. Mi médico me tomó por neurótico y me quería dar unas pastillas. Luego me mandó al psiquiatra y cuando recordé el principio, al trabajar con tus crónicas, me dijo que te tenía envida y no se qué cosas más raras de mi padre, así que lo mandé al carajo...
-Bobadas... oye ¿cómo lleva el embarazo Ceci?
-Bien, bien, bueno, se queja también del frío, pero dicen que es de los cambios hormonales...

Virgilio y Alberto, en una de las pequeñas cafeterías cercanas al malecón coinciden en que la epidemia se cortó. Afectó a unos cuantos redactores y ad láteres. La sensación gélida ya les ha desaparecido, es más ni sienten ni padecen con su nueva estructura cristalina, no tan frágil como se le suele suponer ni tan derretible por el sol caribeño. Ceci dio a luz un par de cubitos de hielo, que ahora se están tomando con ron y cocacola.








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