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17 de agosto de 2011

Argynnis pandora. Pandora.





Identificada con la ayuda del amigo José. Teverga, agosto de 2011.


“Una mina llamada Infierno”. Alejandro M. Gallo. Editorial Laria, 2005.

Infiltrarse en el enemigo es una de las maniobras preferidas en las novelas de intriga. Para mimetizarse con el contrario y representar con seguridad dicen los buenos actores que es necesario una buena identificación con el personaje. Y no es lo mismo dos horas de función en unas tablas o varias semanas de rodaje con cambios frecuentes a la otra realidad del yo, que trabajar en el fondo de la mina, vivir en una pensión, jugar con los paisanos del pueblo, hablar con sus niños, etc. las 24 horas del día con el fin de conseguir descubrir al asesino de una cuadrilla de ex mineros. El guión no previsto del agente de seguridad incluye dirigir una huelga y encierro con la convicción de mejorar los sistemas de seguridad, explotar la torre de un tendido eléctrico en señal de duelo o  romperle el bazo a un cura abusador de menores.
Esto es parte de la trama, pero en toda buena novela negra, lo superficial. Los verdaderos culpables aparecerán en las altas esferas -corrupción policial incluida- y el protagonista hace de vengador. Es un “policía de las víctimas” nos recuerda en un inesperado final que da pie a continuar la acción.
A pesar de que una narración en primera persona nos da la tranquilidad de que el protagonista sobrevive; el suspense, los juegos a despistar y el cruce de varias investigaciones añadidas a lo largo de la trama nos impiden dejar la lectura aunque el sueño nos venza hasta la traca final de soluciones.

2 comentarios:

Jose dijo...

Eso de asesinar a una cuadrilla de exmineros ya parece el colmo de lo bizarro.

César dijo...

Sus motivos tenía el asesino...