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19 de mayo de 2010

Platanus hispanica. Plátano de sombra.


Plátano de sombra. Flores femeninas, hojas y tronco, abril y mayo de 2010.


Senda Fluvial del Piles, Gijón.


“Alfanhuí” Rafael Sánchez Ferlosio.

La vida se parece poco al clásico comienzo-nudo-desenlace de las novelas. Sólo tenemos que fijarnos en la nuestra. Y sin embargo, a lo largo de ella suceden un montón de peripecias que podrían relatarse de manera más o menos imaginativa, real o fantántica -quizás mezclando dichos modos- y que se atienen a los fundamentos de la trama. Aunque el final-final, es decir, el “the end”  de la historia sea aparentemente banal.
Así nos cuenta Sánchez Ferlosio las aventuras de un niño que se extasía con los colores en una época que suele recordarse en blanco y negro, o en los diferentes matices del gris de la post guerra civil española. El campo, las casas de aldea o la gran ciudad son descritas con lenguaje poético que se aplica tanto a las sonrisas como a las desgracias, a los vientos, al asesinato, a la abuela o al maestro taxidermista. Da la impresión que el autor ha transfigurado fantasiosamente los recuerdos de su infancia, en los cuales permanecen invariables detalles -una puerta, un pozo, el color le aquélla fachada...- que describe con minuciosidad, acomodados con acierto –o viceversa- a la magia de sus ficciones.
Más que de la trama, el placer viene de la lectura de ese narrar lírico, de las metáforas y las comparaciones que invitan a fijarnos en los colores nuestro alrededor.

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