Páginas

13 de enero de 2010

Gallinago gallinago. Agachadiza común.




Parque de la antigua fábrica de Moreda, Gijón, enero de 2010. Ría de Villaviciosa, diciembre de 2012 y setiembre de 2014.


 


“Caín”. José Saramago. Alfaguara, 2009.
Eslava Galán publicó hace tiempo (“El catolicismo explicado a sus ovejas”) en forma satírica, una crítica de las creencias religiosas cristianas aportando datos históricos de la época del nacimiento del supuesto hijo de Dios, pero haciendo hincapié fundamentalmente en las contradicciones y razonando con el sentido común de la gente de la calle que ha perdido el miedo al más allá.
El premio Nóbel portugués sigue los mismos planteamientos racionales, esta vez retrocediendo miles de años atrás, al origen de la humanidad según la biblia, y expresándolos como mejor sabe, novelando. Reflexiona así sobre la violencia de origen divino (en este caso de la religión judeo cristiana, aunque en la actualidad se lleve la palma la coránica) y desmenuza los argumentos que la sostienen. Caín –quién si no- es el interlocutor, hombre que utilizó la violencia y por ello condenado a vagar eternamente. Saramago le hace retroceder y avanzar en el tiempo y aparecer en varios momentos claves del furor divino: Sodoma y Gomorra, donde hasta los inocentes niños perecieron, el diluvio universal que no dejó humano ni animal –fuera del arca- vivos (¡Qué culpa tendrían el resto de animales!), los saqueos de las ciudades con exterminio de sus habitantes gracias a la intervención de Jehová (las murallas de Jericó, etc...), la alianza con Satán para derribar a Job sin motivo o la puesta a prueba de Abraham –sabiendo como lo sabe todo del pasado y del futuro- en el cuasi asesinato de su hijo. Dentro del tono general del relato, sarcástico e irónico, Caín discute de ello con el propio Dios y con sus ángeles, y se vengará en un final sorprendente.
Saramago no abandona su peculiar estilo de narrar, fascinante para muchos, trabajoso para otros, pero divertido, mordaz, llano, casi de ese pueblo pegado a la tierra y alejado del cielo al que tanto le gusta imitar. Acabo este pequeño comentario trascribiendo un párrafo como ejemplo:
“…Fue entonces cuando josué lanzó la siguiente amenaza, Maldito sea quien intente reconstruir la ciudad de Jericó, se le muera el hijo mayor a quien ponga los cimientos y el más joven a quien levante las puertas. En aquella época las maldiciones eran obra maestra de la literatura, tanto por la fuerza de la intención como por la expresión formal en la que se condensaban, de no haber sido josué la crudelísima persona que fue, hoy hasta podríamos tomarlo como modelo estilístico, por menos en el importante capítulo retórico de los juramentos y maldiciones, tan poco frecuentado por la modernidad.”

4 comentarios:

José dijo...

Qué curioso, una agachadiza tan cerca de la ciudad. Yo no recuerdo haberlas visto nunca.

César dijo...

Con el invierno se acercan mucho, ya sabes Gijón en aldeana...

Angela dijo...

Debe hacer mucho frío por ahí para que se acerquen tanto.
Una pena (para el fotógrafo) que el plumaje se camufle con la hojas.

saltapraos dijo...

No es por incordiar (aunque no lo parezca...), pero llevas un mes sin dar un palo al agua (blog)